CENTRO DE ESTUDIOS WILHELM REICH

INVESTIGACIÓN, FORMACIÓN, BIOTERAPIA

miércoles, 1 de febrero de 2012

A.S. Neill , W. Reich y la Orgonomía por Matthew Appleton



Wilhelm Reich, A. S. Neill y la Orgonomía


Wilhelm Reich y Alexander Sutherland Neil



Wilhelm Reich, A. S. Neill y la Orgonomía

¿QUÉ ES LA ORGONOMÍA?

La Orgonomía es una ciencia. Es el estudio de la energía orgónica, descubierta por el psicoanalista y científico austriaco Wilhelm Reich, doctor en Medicina. La energía orgónica es la energía primordial de la cual surge toda la materia. Existe por todas partes, en todos los organismos vivos, en la atmósfera y en el cosmos entero. Como tal, es la fuerza de unión en toda la naturaleza. En muchas filosofías y culturas han existido teorías sobre este tipo de energía, pero Reich la estudió de manera científica y de su trabajo ha surgido la ciencia de la orgonomía. En el poco espacio que tengo aquí no puedo esperar hacerle justicia a la orgonomía o al trabajo de Reich, que abarcó treinta años, pero puedo empezar a hacer un bosquejo y señalar esperanzado su continuada importancia en el mundo actual.

En 1919, Reich era psicoanalista, alumno de Freud. Freud postuló una líbido, una energía sexual que, cuando se reprimía, provocaba la neurosis. Más tarde, bajo la presión social de la época, enfrentada al psicoanálisis, Freud se retractó de la “teoría de la líbido” y en su lugar invocó un “instinto de muerte”, que sugirió que era inherente al ser humano y estaba en la raíz de su comportamiento antisocial y destructivo. Reich refutó esto y continuó con la teoría de la líbido, creyendo que se trataba de una forma de bioelectricidad cuya existencia se podía probar, más que de una teoría abstracta a la que se le podía dar de lado cuando se volviera embarazosa para el sistema.

Entre 1934 y 1936, Reich dirigió una serie de experimentos por medio de los cuales registró variaciones en el potencial de la piel por medio de un oscilómetro, para ver cómo respondía a los estímulos placenteros y desagradables. Descubrió que el potencial aumentaba con las sensaciones placenteras y caía con las sensaciones desagradables o cuando había ansiedad. Estos experimentos probaron que el placer y la ansiedad eran las sensaciones subjetivas de una expansión y contracción bioeléctrica demostrable.

Al mismo tiempo, Reich continuaba con su trabajo psicoanalítico, no solo como profesional sino también como un ávido teórico, añadiendo varias innovaciones a la teoría y las técnicas del psicoanálisis. Fue el primer terapeuta en definir y poner en práctica un concienzudo análisis revolucionario. Esto significaba concentrarse no tanto en lo que decía el paciente sino en cómo lo decía, su carácter y cómo se resistía este a la revelación de sentimientos inconscientes reprimidos. Reich llamaba a su técnica analítica “análisis del carácter”, esbozando una propuesta para concienciar al paciente de la estructura caracterial y, de este modo, deshacerla. Puesto que la estructura caracterial servía para “acorazar” al paciente contra sensaciones y emociones que estaba reprimiendo o alejando de sí, Reich se refirió a ella como “coraza caracterial”.

Mientras trabajaba en la coraza caracterial, Reich se dio cuenta de que los cambios en el carácter estaban acompañados de cambios fisiológicos: una relajación de las tensiones musculares, una alteración de la postura y en el movimiento, que se volvía menos rígido y más natural y elegante. Al mismo tiempo que la coraza muscular comenzaba a relajarse, la respiración se volvía más profunda y se sentía en todo el cuerpo. Entonces aparecían movimientos involuntarios y espontáneos de los pies a la cabeza, que culminaban en lo que Reich llamó “el reflejo orgásmico”. El o la paciente estaba acostado de espaldas, con las rodillas subidas, la respiración libre y plena. La cabeza se inclinaría espontánemente hacia atrás, los hombros resbalaban hacia delante cuando el pecho y la barriga se hundían y la pelvis se levantaba del diván. Este cambio de posición sucedía en un movimiento completamente involuntario y en forma de onda, acompañando cada espiración. Fue llamado el “reflejo orgásmico”, ya que era el mismo movimiento que aparecía durante el orgasmo en las personas que eran “orgásmicamente potentes”.

Reich estaba interesado desde hacía mucho tiempo en la función del orgasmo y había escrito un libro sobre el tema en 1927, que no debe confundirse con la obra posterior del mismo nombre, publicada en 1942. Utilizó el término “potencia orgásmica” para designar la capacidad de entregarse completamente a los espasmos del orgasmo durante el acto sexual, que distinguió de una realización mecánica de los movimientos. Definió el orgasmo como un proceso en cuatro tiempos de tensión mecánica acompañada de carga bioeléctrica, seguida de descarga y relajación. La persona que se entregara completamente perdería toda conciencia de sí misma en el punto culminante de la convulsión orgásmica, fundiéndose con el placer del momento. Reich llamó a este proceso la “fórmula del orgasmo”: tensión-carga-descarga-relajación.

El descubrimiento del reflejo orgásmico y la fórmula del orgasmo lo llevó a hacer conjeturas sobre la naturaleza del ser humano como organismo y cómo es en comparación con otros organismos. Lo sorprendió la similaridad entre la convulsión orgásmica del organismo humano y los movimientos de ciertos protozoos vistos a través del microscopio. Se preguntó si la función del orgasmo estaría presente en toda materia viva. ¿Sería la fórmula del orgasmo común a todo ser vivo?

Sus preguntas lo llevaron al terreno de la biogénesis, los orígenes de la vida a partir de la materia inanimada. En una serie de experimentos, conocidos como los “experimentos biónicos”, Reich creó condiciones que producían espontáneamente los tiempos de tensión-carga-descarga-relajación de la fórmula del orgasmo. Mientras trabajaba en estos experimentos, en 1939 Reich descubrió accidentalmente los biones diminutos, formados a partir de la desintegración de materia tanto orgánica como inorgánica, y que posteriormente a menudo se transformaban en protozoos o bacterias. Estos “biones” emitían un tipo de energía que no parecía obedecer las leyes de ninguna energía conocida. Llamó a esta energía la “energía vital” o “energía orgónica”, nombre derivado de la fórmula del orgasmo, que había conducido a su descubrimiento.

Este fue el nacimiento de la orgonomía, energía que Freud había insinuado en su teoría de la líbido aunque nunca se atrevió a rastrearla hasta su raíz en el organismo. Era la bioenergía, la cual al principio Reich había tomado simplemente por una forma de bioelectricidad. Era esta energía la que descargaba el organismo a través del orgasmo, que, si se bloqueaba, se volvía reprimida, marchita, resignada o brutal, destructiva y resentida, literalmente “en contra de la vida”. Cuando se le permitía fluir de manera natural, la energía orgónica se podía expresar de muchas maneras: como ternura, contacto afectuoso o ira racional, dependiendo de la situación y siempre avanzando hacia la solución adecuada. Ahora los sentimientos podían entenderse como la conciencia subjetiva de la energía en movimiento.

Durante los siguientes años, los estudios de Reich sobre la vida a través del microscopio revelaron interpretaciones aún más amplias hasta que pronto se encontró estudiando el cielo, las estrella y el Cosmos en términos nuevos, orgonómicos. La energía que había descubierto en primer lugar en los experimentos biónicos, concluyó tras mucha más experimentación, estaba también presente en la atmósfera. Podía ser medida o demostrada visual y térmicamente con el electroscopio, el orgonoscopio y el contador Geiger (véase La biopatía del cáncer). La energía atmosférica se podía concentrar en un recipiente similar a una caja, conocido como el “acumulador de orgón”, el cual, se halló, ejercía efectos beneficiosos sobre un organismo enfermo o agotado. Reich estaba especialmente interesado en sus posibilidades en el tratamiento del cáncer. Experimentos subsiguientes mostraron una a menudo marcada mejora en la salud del paciente, acompañada de una reducción de los tumores. Sin embargo, Reich nunca afirmó que el acumulador constituyera una cura para el cáncer. Podía mejorar los síntomas, pero no podía tocar la causa subyacente.

Se hicieron otros experimentos con el orgón atmosférico, en particular el “experimento Oranur”. Reich estaba muy preocupado por el desarrollo de la energía nuclear y esperaba que la energía orgónica se pudiera usar para contrarrestar los efectos de la radiación. En enero de 1951 expuso un miligramo de radio a energía orgónica concentrada en su laboratorio, Orgonon, situado en Maine, EE.UU. El resultado fue devastador. En vez de sofocar la energía radiactiva, la energía orgónica se revolvió y los trabajadores de Orgonon cayeron enfermos. A esto lo siguieron nubarrones negros que se cernieron sobre Orgonon, un ennegrecimiento de las piedras en los alrededores y una quietud mortal en el ambiente. El orgón atmosférico había perdido su habitual naturaleza viva y chispeante y se había vuelto opresivo, viciado y nocivo. Reich llamó a este fenómeno “orgón mortal” (DOR). El ambiente estaba literalmente enfermo.

Reich comenzó a centrar su atención en el problema del DOR. Inventó un instrumento llamado “cloudbuster” (cazanubes), que extraía el DOR y estimulaba la vuelta a la vida del orgón. Se descubrió que el cloudbuster tenía una gran capacidad para incentivar la lluvia en áreas donde se había dado una sequía grave y prolongada. (Cuando había desertificación, había DOR.) Quedaba probado que el estudio de la energía orgónica era inmenso en sus implicaciones, no solo en el terreno de los asuntos humanos sino también en el funcionamiento de la naturaleza como un todo.

Si todo esto es cierto, entonces ¿por qué la humanidad no ha adoptado este conocimiento y lo ha usado para superarse? El proceso del pensamiento es, por supuesto, en sí mismo una función natural y estará distorsionado en la medida en que el funcionamiento del organismo como un todo esté dañado. Esto tiende a expresarse en un pensamiento o mecanicista (es decir, materialismo, objetividad, dogma científico, el físico) o místico (es decir, metafísica, subjetividad, dogma religioso, espiritualidad), cada uno dando lugar al otro y, sin embargo, cada uno separado del otro. Estos distintos senderos del pensamiento tienen ambos una raíz común en el funcionamiento natural y ambos constituyen aspectos de la verdad, pero aun así niegan la verdad en su totalidad. Reich afirmó que todo el mundo tenía razón en algún sentido y que saber en cuál era una cuestión de entendimiento. En el escenario del conflicto humano vemos que la verdad está literalmente enfrentada a sí misma en un enredo de distorsiones. Nos aferramos desesperadamente a la pequeña porción de verdad que hemos percibido y esto alimenta todo el despliegue de mentiras que crece a su alrededor.

Pronto la atención de Reich se vio dirigida al problema de la irracionalidad humana. Su trabajo tocaba asuntos tan profundamente emocionales que se encontró con resistencias en las reacciones del sistema psicoanalitíco y científico, al igual que había hallado resistencias en sus pacientes durante el análisis del carácter. A medida que iba teniendo más claro el funcionamiento de la energía orgónica usó el término “funcionalismo orgonómico” para describir el proceso de pensamiento racional que se origina en el funcionamiento natural. Todo pensamiento aparentemente antitético tiene, de hecho, un Principio Funcional Común (PFC) y el pensamiento funcional opera desde la base del PFC. Así, por ejemplo, en la investigación orgonómica, la subjetividad y la objetividad se unifican como una herramienta de entendimiento básica y funcional.

Hoy en día, los sistemas científico o social no reconocen la orgonomía más que cuando Reich hizo sus primeros descubrimientos. Muchos aspectos del trabajo de Reich que por entonces eran desdeñados han sido aceptados ahora e incorporados en varios campos de estudio, pero Reich ha tenido muy poco reconocimiento como pionero y todavía se hace caso omiso, sin un estudio serio, de la existencia de la energía orgónica como principo de funcionamiento común. Aun así, el amplio legado de Reich no está muerto; continúa un trabajo científico y terapéutico serio. La orgonomía no es un libro cerrado sino un portal siempre abierto hacia el entendimiento de los procesos de la vida. El trabajo de Reich no se ve afectado en cuanto que ha sido superado por conocimientos nuevos y más profundos sino en que sus implicaciones para la raza humana tienen tan gran alcance que si la humanidad alguna vez se pusiera a la altura sería en una generación futura, no en la nuestra.

A. S. NEILL Y REICH

“El educador del futuro hará sistemáticamente (no mecánicamente) lo que todo buen y genuino educador hace hoy en día. Sentirá las cualidades de la vida en el niño, reconocerá sus cualidades específicas y estimulará plenamente su desarrollo.”
Wilhelm Reich, El asesinato de Cristo

Durante toda su vida, Reich fue un apasionado abogado de los derechos de los bebés, niños y adolescentes, especialmente de su derecho a una vida sexual tal y como la decretaran sus propias necesidades. Usó el término “economía sexual” para referirse a la economía natural e interna de la bioenergía del organismo. El trastorno de esta economía energética durante los primeros años y la infancia, por medio de la desnudez y los tabús masturbatorios, junto con la enseñanza de los hábitos higiénicos y los horarios de comida, era el que instigaba el proceso de acorazamiento. Abogó por la “autorregulación” como una manera de criar a los niños. Esta no era una fórmula simple de aplicar, como tantas tendencias modernas en la crianza de los niños sino que dependía de que los padres les permitieran a los niños definir sus propias necesidades en el contexto de una relación fortalecedora y de apoyo que surgiera de un contacto profundo e instintivo. El problema estaba en el hecho de que las generaciones de padres ya habían perdido su habilidad para establecer y mantener un contacto profundo con la vida a través de los procesos de acorazamiento de su propia infancia y adolescencia. Por consiguiente, los mismo errores “en contra de la vida” se repetían una y otra vez en cada generación.

Cuando Reich aún era solo un estudiante de psicoanálisis junto a Freud a principios de los años 20, A. S. Neill ya había creado la escuela de Summerhill. Fundada en 1921, Summerhill aspiraba a seguir las necesidades del niño en vez de los dictados del adulto. La atención estaba en la vida emocional, no en la intelectual. La infancia debería estar centrada en el juego, anunció Neill. Si cuidabas de los sentimientos, el intelecto se cuidaría a sí mismo. La búsqueda natural de respuestas y el deseo de aprender en el momento apropiado llevarían al niño a aprender lo que necesitara cuando lo necesitara, al tiempo que le permitirían convertirse en una persona feliz y equilibrada.

Neill y Reich no se conocieron hasta 1937. Summerhill ya existía desde hacía dieciséis años y Reich era por entonces un exiliado de la Alemania nazi y trabajaba en Oslo. Neill recuerda el encuentro: “Me fui de viaje a dar conferencias en Escandinavia en 1937. Después de la charla, mi presidente de Oslo me dijo: ‘Anoche acudió a tu conferencia un hombre muy distinguido, el Dr. Wilhelm Reich’. Me quedé encantado, pues durante el viaje había leído su Massenpsychologie des Faschismus [Psicología de masas del fascismo]. Lo llamé por teléfono y me invitó a cenar. Nos quedamos hasta las primeras horas de la mañana. Le dije ‘Reich, eres el hombre al que he estado buscando durante años, el primero en relacionar lo somático con lo psicológico. ¿Puedo irme a estudiar contigo?’. Así que durante dos años pasé todas las vacaciones en Oslo. Fue maravilloso”.

Además de estudiar con Reich, Neill se sometió a terapia con él. Más tarde diría: “Tuve más reacciones emocionales en seis semanas que durante años de psicoanálisis”.

La amistad que surgió entre los dos hombres era cálida, cordial e imbuida de mutuo respeto. En una reseña de The Problem Family [La familia problemática] Reich escribió: “Un libro muy bueno escrito por un niño de 64 años; honesto, juguetón, sincero; lleno de amor por los niños”.

La escuela de Neill, que permitía a los niños crecer sin ser obstaculizados por la interferencia de los adultos, era un ejemplo vivo de las ideas de Reich sobre la autorregulación.

“¿Por qué debería entrar en la biología de los niños”, escribió, “si existen educadores de niños tan maravillosos como A. S. Neill?”.

Igualmente, el concepto de economía del sexo de Reich le proporcionó a Neill una base teórica a su propia noción de una educación que favoreciera la vida.

Cuando Europa se sumió en la Segunda Guerra Mundial, Reich huyó a Norteamérica para continuar su investigación. Neill no pudo visitar de nuevo a su amigo hasta después de la guerra, asistiendo al Primer Congreso Orgonómico Internacional en Orgonon. Reich escribió en su diario: “Varias horas de charla con Neill. Sigue siendo el mismo de siempre. Pude bromear con él y ser simple”.

Un año después, Neill volvió para la Segundo Congreso Orgonómico Internacional junto con su mujer, Ena, y su hija, Zoe, y se quedó un mes. Reich tenía un hijo pequeño, Peter, y los dos hombres intercambiaron esperanzas y observaciones sobre sus hijos. Ambos estaban preocupados por la difícil situación del mundo y la amenaza que representaban las armas nucleares.

“Estoy convencido de que la única esperanza”, escribió Reich, “es el establecimiento de la racionalidad en los niños y adolescentes”.

La humanidad estaba enferma. Incapaz de manejar la libertad, continuamente tendía hacia el autoritarismo, la oposición y la guerra como liberación violenta de, o huida de, la energía vital reprimida, que era incapaz de encontrar salida plena y satisfactoria en la convulsión orgásmica del “abrazo genital”.

Reich habló de los “niños del futuro”, incluyendo todo el potencial natural que traía al mundo cada recién nacido y al que, esperaba, se le permitiría desarrollarse libremente un día. Usó la metáfora del “asesinato de Cristo” para describir la matanza de ese potencial a través del maltrato del bebé y la incapacidad de una humanidad acorazada de tolerar los movimientos naturales y elegantes de la vida sin coraza. Para Reich, Cristo no era una figura mística y lejana sino un símbolo de la vida plenamente vivida; el principio de vida encarnado en todo recién nacido. La crucifixión no siempre venía en forma de cruz sino en forma de estructuras congeladas que los niños se veían forzados a adoptar para sobrevivir en un mundo que no los reconocía. En este sentido, todos somos Cristos crucificados.

Dos años después del segundo congreso orgonómico, Neill solicitó una visa para visitar de nuevo a Reich, pero su petición fue rechazada sin explicación. Por esa época, Norteamérica estaba en las garras de la era McCarthy y a cualquier sospechoso de simpatizar con el comunismo se le prohibía la entrada. Neill no era comunista ni mucho menos, pero a veces hacía referencia al comunismo en sus libros, que eran algo vagos y abiertos a la malinterpretación si existía el deseo de encontrar a un “rojo” clandestino. Aunque en aquella época no lo sabían, Reich y Neill no se verían nunca más y su amistad seguiría desde entonces únicamente a través del correo. Estas cartas, Record of a Friendship – The Correspondence of Wilhelm Reich and A. S. Neill [Testimonio de una amistad – La correspondencia de Wilhelm Reich y A. S Neill], son un testimonio profundamente conmovedor de los lazos entre los dos hombres, cada uno a su manera aislado y solitario, luchando por manifestar su visión en un mundo en su mayor parte indiferente y a menudo realmente hostil. Neill siempre estaba atormentado por problemas financieros y llevar adelante Summerhill era una lucha constante. El trabajo de Reich a menudo se topaba con falta de entendimiento y difamaciones malintencionadas.

“Por favor, escribe más a menudo”, pide Reich. “Eres uno de los pocos con los que puedo hablar.”

Neill escribe: “En Orgonon, el hecho de ser uno de entre una multitud de gente que está a favor de la vida es suficiente para inspirar, pero aquí nunca me encuentro con nadie que tenga nada que dar; todos quieren que les dé a ellos. El resultado es que me agoto, estoy exhausto”.

Sin embargo, estos dos hombres no estaban simplemente dejándose llevar por la mutua admiración. Ambos eran extremadamente individualistas y su relación estuvo llena de peleas y malentendidos. Reich se enfadaría con Neill cuando este intentó conseguir el apoyo de personajes públicos para el trabajo de Reich: “No quiero que se le pida a nadie estar de acuerdo con mi trabajo. No quiero que intentes encontrar a alguien interesado en él”.

Neill tampoco tenía reparos en decir lo que pensaba. Después de una visita de la ex mujer de Reich, Ilse, y su hijo Peter, Neill, preocupado por el bienestar de Peter, le escribió a Reich: “Creo que has tenido que soportar a demasiadas personas temerosas de plantearte desafíos […]. Te he oído decir a menudo ‘Todos tenemos razón en algún sentido’. Pues yo te digo que también estamos todos equivocados en algún sentido. Te digo que estás equivocado sobre Peter. Parece demasiado ansioso. Creo que está intentando representar un papel […]”.

Durante los años 50, Reich estuvo bajo mucha presión. Una serie de artículos mal informados y difamadores había llevado a que la Administración de Medicinas y Alimentos gubernamental (FDA) investigara el trabajo de Reich, particularmente el acumulador de orgón. En 1954 se expidió un mandamiento judicial que prohibía la venta o alquiler de acumuladores. Reich había rechazado participar en los procedimientos judiciales y puso en duda las alegaciones de la FDA, arguyendo que un tribunal de justicia no era competente para juzgar asuntos científicos. En el invierno de 1954-55, mientras Reich estaba en Arizona investigando los cloudbusters, un joven infringió en Nueva York los términos del mandamiento judicial sin el conocimiento de Reich. Reich fue acusado de desacato al tribunal y condenado a dos años de prisión. La condena se pospuso, pendiente de apelación, y mientras tanto la FDA supervisó la destrucción y quema de acumuladores, revistas orgonómicas, folletos y libros. Las dificultades a las que se enfrentó Reich en esta época hicieron que muchos de sus amigos y compañeros se desvincularan de él. Por entonces casi se anticipaba a la traición y a pesar de que había aceptado muchas veces críticas de Neill, reaccionó de mala manera a sus comentarios sobre Peter. En 1956, Neill se enteró a través de un amigo común que ahora Reich ya no lo consideraba fiable. Fue un Neill profundamente entristecido quien escribió: “Así que nuestra larga amistad ha llegado a su fin porque tú no me consideras fiable”. La carta termina así: “Adiós, Reich, bendito seas”.

Reich, sin embargo, hizo caso omiso de esta despedida, pidiéndole a Neill que tuviera “paciencia, por favor, si guardo silencio o no te respondo enseguida. Estoy muy ocupado” y rogándole que no se preocupara.

Pero Neill estaba preocupado y se sentía impotente en la lejana Inglaterra, incapaz de ayudar a su amigo en momentos de necesidad.

“Reich, te quiero. No puedo soportar pensar en que te están castigando con una insensata condena de cárcel. […] El hecho es que se están ensañando contigo básicamente porque eres el primer hombre en siglos que ha predicado una postura a favor de la vida, porque eres el único hombre en reivindicar el derecho de los adolescentes a amar plenamente. Tu defensa en cualquier tribunal debería ser en mayúsculas ESTOY A FAVOR DE LA VIDA Y DEL AMOR.”

A primera vista puede parecer que la afirmación de Neill de que Reich estaba siendo castigado por abogar por los derechos de los adolescentes a una vida amorosa no venía al caso, pero considerada en el contexto de los artículos malintencionados que motivaron la campaña de la FDA y la persistente injusticia con que fue dirigida la campaña, la fuerza motivadora real subyacente está clara. Existía un hombre que, apartándose de lo establecido al defender el derecho vital a amar plenamente, estaba removiendo toda la frustración y rabia vital que estaba bloqueado el derecho más básico, más humano, más divino.

La apelación fue rechazada y el 11 de marzo de 1957, Reich comenzó su condena de cárcel. Menos de ocho meses más tarde, el 3 de noviembre, murió de un paro cardiaco en su celda. En una ocasión le había escrito a Neill: “He empezado a pensar seriamente que casi todas las enfermedades del corazón tienen su origen en un corazón roto”.

Más de una década después de la muerte de Reich, Neill escribe en su autobiografía Neill, Neill, Orange Peel [Neill, Neill, piel de naranja]: “No podía entender la teoría de la energía orgónica de Reich. Puede que exista, pero ¿qué puede uno hacer al respecto? Reich dijo que era visible, pero yo tenía un ojo ciego para ella. […] Nunca me interesó el trabajo posterior de Reich. Para mí siempre fue el gran hombre de sus primeros libros, revolución sexual, análisis del carácter, La función del orgasmo y la Psicología de masas del fascismo […]”.

Es muy superficial en su rechazo del trabajo orgonómico de Reich, admitiendo que quizás fuera “mi ignorancia de la ciencia de cualquier clase”, pero sin tratar de convencer al lector de que este es el origen principal de sus dudas. Este Neill es muy distinto del de años antes, quien, escribiéndole en 1948 a David Barton, ex alumno de Summerhill, decía: “Debo censurarte por tu actitud convencional hacia cosas que no entiendes. ¿Por qué burlarte de Reich si no sabes? Lo he visto hacer funcionar un motor con rayos cósmicos o lo que sea que es el orgón, y funcionaba sin necesidad de electricidad, pero si se estimulaba con 2 voltios subía a alrededor de 1000 revoluciones por minuto. Conocí a un médico que metía a los pacientes con cáncer en el acumulador y en 14 días el bulto en el pecho desaparecía aunque no aseguren que el cáncer esté curado de raíz. Así que ¿por qué burlarse, muchacho?”.

Así que ¿por qué ese cambio de actitud? Probablemente haya muchas razones, todas relacionadas e inseparables, cada una la sombra de una verdad y, aun así, en última instancia ninguna definible. Solo podemos hacer conjeturas. Vale la pena, sin embargo, tener en cuenta la verdadera inmensidad de los descubrimientos de Reich y sus implicaciones de largo alcance para la humanidad. Quizás, sin Reich alrededor para discutir y pelear con él, para infundirle integridad y entusiasmo a su trabajo, Neill no pudo seguir centrando la atención en los increíbles horizontes que había abierto la orgonomía. Con su propia batalla para mantener viva Summerhill a pesar de la falta de dinero y la presión de las inspecciones educativas, alcanzado por la vejez y rodeado de tanta gente que obtenía un placer cínico al intentar enterrar la orgonomía junto con Reich, no es de extrañar que Neill comenzara a dudar de aquello para lo que antes había estado tan receptivo. Como en una ocasión le escribió a Reich: “Si nunca hubiera oído hablar de Reich y hubiera leido la CORE [la revista orgonómica de Reich] por primera vez, habría considerado que el autor o estaba loco o era el mayor descubridor de la época. Puesto que sé que no estás loco, tengo que aceptar la solución alternativa”.

EL QUINTO CONGRESO ORGONÓMICO INTERNACIONAL

El quinto congreso orgonómico internacional se celebró entre el 15 y el 18 de junio de 1990 en el Acropolis en Niza, organizado por el Dr. Giuseppe Cammarella, orgonomista médico, con el auspicio del American College of Orgonomy [Escuela Americana de Orgonomía]. Las tres primeras conferencias orgonómicas habían tenido lugar en Orgonon cuando Reich todavía estaba vivo. La última, en 1984, en Múnich. Desde la muerte de Neill no había existido ningún vínculo real entre Summerhill y los que continuaban trabajando en la orgonomía. De modo que, cuando salí de Leiston hacia Niza, tuve la sensación de estar siguiendo una ruta histórica, igual que uno debe sentirse al seguir la ruta trazada por cualquier gran pionero, un Colón o un Livingstone. Había estado interesado en el trabajo de Reich durante muchos años y los lazos entre Summerhill y la orgonomía me parecían sumamente valiosos. Estaba un tanto sobrecogido por la perspectiva de representar a Summerhill, ya que mi sensación acerca de la escuela es que su significado no se puede expresar adecuadamente en palabras sino que es más fácilmente perceptible en la dinámica de las relaciones diarias: la soltura del movimiento y la profundidad del contacto. También eran sobrecogedores los rumores que había oído sobre el estado de la orgonomía desde la muerte de Reich: que la rigidez y la reacción se habían asentado como el rígor mortis en esta ciencia, la más viva de todas.

Todo lo que puedo decir es que durante el congreso fui acogido calurosa y gentilmente y con un espíritu de apertura que me conmovió profundamente. En el aeropuerto se reunieron conmigo el Dr. Cammarella y su mujer, Mme. Maria Gamaleia, junto con Peter Robbins, otro de los ponentes. Mis primeras impresiones me tranquilizaron enseguida. Durante el congreso, el Dr. Camarella y Mme. Gamaleia me transmitieron una reconfortante hospitalidad y Peter Robbins demostró ser un compañero de lo más agradable y alentador. Antes de que comenzara el congreso tuve un día libre, que empleé en su mayor parte en explorar la Niza antigua y en nadar en el Mediterráneo; un poco de choque cultural después de la brusca estridencia de mis niños de Summerhill.

El congreso comenzó con una perspectiva global de la orgonomía; su creación, el ensayo de Reich y un informe de las investigaciones recientes de los archivos de la FDA sobre el caso. Esto estableció el contexto para el congreso. Durante los próximos días se airearían todas las áreas principales de la investigación orgonómica: biología, física, astrofísica, psiquiatría, educación y crianza. Casi todos los demás ponentes eran o doctores o catedráticos, y aquí yo únicamente estaba armado con un puñado de anécdotas sobre Summerhill y la fuerza de mi fe en la escuela. Sin embargo, mientras escuchaba a un ponente tras otro me sentí más y más a gusto, pues aunque se estaba presentando una extensa selección de temas de muchas formas distintas, me parecía que la base subyacente formaba una totalidad mucho más profunda y comprensiva de la que jamás había experimentado antes y las anéctodas de cómo un “puñado de chavales” llevaba su propia escuela en Suffolk tenían la misma cabida en la programación de las cosas que la extensa conferencia sobre la formación de las galaxias.

En el congreso quedaba claro que la ciencia que Reich había dado a luz no había muerto con él sino que seguía desarrollándose y expandiéndose. El profesor James DeMeo, director del Laboratorio de Investigación Biofísica del Orgón, presentó los resultados de las operaciones con el cloudbuster, que ha estado dirigiendo en EE.UU. durante los últimos diez años. En el ochenta por ciento de los casos, el cloudbuster había logrado resultados positivos en grandes áreas, a veces provocando espectaculares aumentos en las precipitaciones en zonas que padecían sequía. En otra conferencia presentó pruebas extraordinarias para sugerir que el acorazamiento humano se había originado como respuesta a la repentina desertificación en y en torno a Oriente Medio, ocasionada por cambios climáticos en el pasado. Se citaron fechas específicas y hallazgos arqueológicos junto con pruebas arqueológicas/antropológicas que indicaban las vías por las que las actitudes partriarcales, belicosas, llenas de tabús sexuales, y la subyugación de las mujeres y los niños provenían de esta área/este periodo.

El interés de Reich por los objetos voladores no identificados fue revelado por Peter Robbins, de EE.UU., que, después de un “encuentro” en su propia juventud, emprendió serios estudios sobre el fenómeno de muchos años de duración. Después de que Reich apuntara un cloudbuster hacia varios ovnis sobre Orgonon y estos desaparecieran, comenzó a preguntarse a sí mismo si podía ser que estas máquinas voladoras estuvieran impulsadas por energía orgónica. Más pruebas determinarían si este era el caso. Peter Robbins se puso a la tarea de confirmar la hipótesis con una serie de documentos del gobierno estadounidense, que el Acto para la Libertad de Información había hecho públicos recientemente. Al igual que muchos de los ponentes del congreso, Peter Robbins presentó unas ideas que a primera vista podían parecer muy extravagantes, pero que en verdad no tenían nada de suposiciones sensacionalistas y descabelladas sino que se basaban en una investigación meticulosa, una cuidadosa observación y que estaban respaldadas por la integridad personal.

El congreso no solo ocupó la cabeza sino también el plexo solar. El equipo de traductores, sentado en una cabina de cristal a un lado, mencionaría luego la atención del público, algo que no había observado nunca antes durante un periodo tan prologando. La carga emocional de la sala de conferencias fue intensa mientras se perfilaban las muchas facetas de la orgonomía. El Dr. Blasband, presidente de la Escuela Americana de Orgonomía, mostró una película de los biones, los diminutos vestigios de la energía orgónica, que tendían un puente sobre el hueco entre lo inanimado y los seres vivos. Fue tan bonito como sobrecogedoramente inspirador. También expuso el efecto del DOR y el oranur en la atmósfera hoy en día, una conferencia que me hizo sentir agotado y entristecido. Hubo un taller sobre la terapia orgónica, con cuidadosas advertencias para evitar a los “reichianos”, que que no estaban adecuadamente formados y no entendían del todo las fuerzas con las que estaban tratando. El acorazamiento debía tratarse con respeto, no simplemente quebrarse para conseguir un resultado inmediato. Los efectos de estos escarceos eran a menudo desastrosos. Al igual que la psiquiatría orgónica, se discutió también la orgonomía médica; el tratamiento del cáncer, del sida y otras enfermedades degenerativas, cada una con raíz en el trastorno de la bioenergía.

Los debates sobre la infancia y la educación comenzaron con una ponencia del Dr. Michel Odent, un pionero en las nuevas aproximaciones al parto y la obstetricia. Reich había escrito: “No hay manera de cambiar a la gente de raíz una vez han desarrollado la estructura caracterial equivocada. No puedes hacer que un árbol torcido vuelva a estar recto. Por lo tanto, vamos a concentrarnos en los recién nacidos y desviar la atención humana de políticas equivocadas para dirigirla hacia el niño”.

Aunque en realidad el Dr. Odent no está trabajando en el campo de la orgonomía, su trabajo sitúa en paralelo las observaciones de Reich en esta área y ha llevado a muchas conclusiones de interés para aquellos implicados en la orgonomía. Sus comparaciones entre los partos convencionales y sus propios métodos, provenientes de años de experiencia e investigación, causaban sobresalto. Por un lado, el entorno y la naturaleza mecánica del parto minan y perturban las necesidades de la madre y el bebé. Por otro, una atmósfera de intimidad y apoyo no intrusivo fomenta el contacto pleno entre la madre y el bebé, creando las condiciones que satisfacen las expectativas inherentes de ambas partes. La base del bienestar futuro, argumentó Odent, al igual que hizo Reich, están en el establecimiento de este contacto inicial. Al Dr. Odent lo siguió el Dr. Cammarella, que habló de los ritmos biológicos de la infancia y de la necesidad de los niños de poder expresarse en movimientos espontáneos y de ejercitar su autonomía en la vida diaria. Solo desde esta base bioenergética de la salud podría el niño conservar su integridad y creatividad básica. Esto llevó de manera natural a Summerhill. Comencé presentando una cinta de vídeo que duró aproximadamente veinticinco minutos y a la que siguió una sesión de preguntas y respuestas. Las preguntas fueron serias e hicieron reflexionar, mostrando un profundo entendimiento de la dinámica de la escuela y los problemas a los que tiene que hacer frente en una sociedad que no ha comenzado a pensar en esos términos. “¿Qué contacto tiene la escuela con los padres?” “¿Cómo responden los maestros ante los ‘niños libres’? ¿Cuál es su reacción?” “¿Cómo tratan los adultos de Summerhill el problema de la transferencia?” “¿Por qué tan pocos ex alumnos de Summerhill llevan a sus hijos a Summerhill?” “¿A la sociedad le asustan los alumnos de Summerhill?” “¿Los niños echan de menos una vida en su hogar cuando son enviados a Summerhill?” “¿Qué poder tiene la asamblea de Summerhill sobre la vida sexual de los alumnos?” “¿Cómo se considera a Reich en Summerhill en estos días?”

Respondí a todas las preguntas lo mejor que pude, aludiendo a incidentes específicos para ilustrar mis observaciones. En un momento posterior del congreso, uno de los orgonomistas médicos expresaría muy sucintamente mis propios sentimientos mientras exponía. Cuando alguien le pedía que describiera una sesión típica de la terapia orgónica se disculpaba diciendo que no se trataba simplemente de un procedimiento mecánico sino que el método a seguir surgía del contacto entre el terapeuta y el cliente. Así sucede con los niños: no hay ningún procedimiento, ninguna “respuesta correcta” a los que recurrir. El método a seguir surge, y solo puede surgir, de la calidad del contacto entre el niño y la sociedad en la que vive.

Hubo dos eventos más en los que participé: un taller sobre “Orgonomía, Educación y Sociedad” y la discusión de cierre sobre “La Prevención de las Biopatías Médicas y Sociales”. Que Summerhill no es simplemente un experimento “aislado” sino que tiene un lugar en un movimiento del pensamiento y un desarrollo mucho más amplio, el significado del cual todavía no se ha determinado, quedó perfectamente claro. Tanto los participantes como el público se mostraron calurosos y entusiastas en su respuesta a la escuela y muchos expresaron su felicidad por que la escuela siguiera existiendo. Muchos de los padres y pedagogos que asistieron al congreso ven Summerhill como un faro en un mundo que todavía no entiende a sus niños ni la función de la infancia, un entendimiento que la humanidad no ha simplemente fracasado en comprender sino que ha eludido sistemáticamente en su incesante intento de moldear a los niños según su propia imagen acorazada.

Mientras el avión se elevaba alto sobre la costa de Francia, atravesando las nubes y llevándome de vuelta a mi casa, me sentí lleno de la inmensidad de temas tratados en los últimos días. Muchas de las cosas discutidas no fueron fáciles de digerir y otras tocaron puntos de profunda tristeza y rabia personal. Ciertamente, la orgonomía no era una opción fácil, pero nunca he encontrado las opciones fáciles particularmente satisfactorias. No había sabido qué esperar cuando viajaba al congreso y había estado preparado para la decepción. Sin embargo, me había encontrado con apertura y receptividad hacia mi propio sentir de las cosas, con una profundidad de empatía que pocas veces había experimentado antes. Se habían hecho nuevos amigos, creado nuevos lazos y puestos en movimiento nuevos retos. Mientras volvía a Summerhill, fragmentos de perspectivas de vida que la escuela hace posible parpadaron en mi mente; los altibajos, los conflictos y el contacto; abierto, expresado, creciente y solucionador. El congreso orgonómico había explorado estos procesos en todos los aspectos de la vida, situándolos en el contexto de una energía vital que funcionaba. Yo trabajo en Summerhill porque amo la vida. De niño sentía que la vida estaba siendo asfixiada en mí por fuerzas que no podía entender. Mi vida hasta el momento se ha centrado en un intento de entender esas fuerzas y moverme hacia su comprensión. Hasta ahora, la expresión más completa de ese deseo la he encontrado en la orgonomía.

BIBLIOGRAFÍA

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Texto: Matthew Appleton
es terapeuta reichiano y sacrocraneal. Trabajó en Summerhill school entre 1980 y 1990. Escribió: "A FREE RANGE CHILDHOOD SELFT REGULATION AT SUMMERHILL SCHOOL"
Traducción: Hanne Norenberg