CENTRO DE ESTUDIOS WILHELM REICH

INVESTIGACIÓN, FORMACIÓN, BIOTERAPIA

sábado, 27 de agosto de 2016

Apuntes sobre Orgonomía




ORGONOMIA Y COSMOLOGIA


Dr. Charles Konia
Médico orgonomista y psiquiatra, Easton. Pennsylvanie
Vice-presidente del Colegio Americano de Orgonomia, Princeton, New-Jersey

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Hay dos cuestiones fundamentales a las cuales la cosmología debe encontrar una respuesta adecuada: debe comprender el origen, la función y la estructura del universo de forma objetiva y debe comprender también como el hombre se enraíza en la naturaleza. La cosmología debe ser capaz de reconciliar la naturaleza subjetiva del hombre con el universo objetivo que lo rodea.

A través de la historia, la cosmología ha estado dominada por ciertos modelos de pensamiento. Desde hace dos mil años, la forma en que el hombre percibe la naturaleza a su alrededor a estado gobernada esencialmente por el  misticismo, o por el materialismo mecanicista. Antes del siglo XVI y el advenimiento de Copérnico, Tycho Brahé, Kepler, Galileo y Newton, la cosmología caía principalmente en el dominio religioso o místico. Estos hombres dieron un golpe mortal a la doctrina de la iglesia. Demostraron, entre otras cosas, que el sistema de Ptolomeo era erróneo (es el sol y no la tierra el que está en el centro del sistema solar); a continuación, los trazados descritos por los planetas alrededor del sol son elipses y no círculos perfectos; demostraron además, que debido a las manchas solares, el sol no era un cuerpo celeste inmaculado; y finalmente han mostrado que otros planetas como Júpiter se comportan como verdaderos sistemas solares en miniatura.

De estos descubrimientos sobre la naturaleza física se deduce, que el hombre no es único y situado en el centro del universo como había pretendido la doctrina de la iglesia y que, por otro lado, era posible  comprender la naturaleza por la razón.

En el siglo XIX, el trabajo de Darwin tuvo un efecto similar en el terreno biológico. Darwin demostró que el hombre comparte antepasados con los animales inferiores. Una vez más, esto probaba que el hombre no es único en el sentido místico del término.

Entre el siglo XVI y el XX, la doctrina cosmológica mística sufrió una transformación profunda, metamorfoseándose en una forma de pensamiento que llamamos materialismo mecanicista, no menos fundamentalmente destructivo para la humanidad- la naturaleza estaba concebida esencialmente como una máquina y la materia como el fundamento de todo fenómeno físico, incluidos los seres humanos. Esta nueva orientación también sufrió una aplastante derrota en tondos los campos excepto en uno, el reino circunscrito de la máquina y de la tecnología mecánica. Es probable que así como el mecanicismo ha reemplazado al misticismo, el funcionalismo orgonómico remplazará el mecanicismo dentro de unos pocos siglos venideros. De momento la cosmología está basada sobre la búsqueda de soluciones matemáticas a ciertas ecuaciones, aquellas sobre todas que están en relación con la teoría general  de la gravedad, propuesta por Einstein, y con ciertas observaciones que parecen confirmar las conclusiones matemáticas.

Hablaré pues de lo que distingue fundamentalmente la cosmología mecanicista de la cosmología funcionalista. Para el mecanicismo la masa es primordial;  ella es el fundamento de todo fenómeno natural. La materia y la energía electromagnética provenientes de la materia han existido siempre, su origen y su función no han sido nunca puestas en cuestión.

Hasta el final del siglo XIX aproximadamente, se consideraba como admitida la existencia de un fluido sutil y universal: el éter- el medio a través del cual la energía electromagnética se suponía que se propagaba. Un experimento realizado alrededor de 1880 y llamado el experimento Michelson- Morley, estaba destinado a demostrar la existencia del éter, pero debido a algunos prejuicios referentes al comportamiento del éter, se concluyo que éste no existía. Como resultado de este error se llevó a descuidar las funciones energéticas desprovistas de masa, y a considerar el espacio como estando vacío, preparando así el terreno para la teoría de la relatividad de Einstein.

(Continúa...)